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Cinco estrategias para motivar a los niños durante la terapia

Cinco estrategias para motivar a los niños durante la terapia

Centro Codex
5 meses

Es imprescindible generar/potenciar la motivación del paciente hacia la terapia; más aún, en el caso de que nuestros “clientes” sean niños pequeños. En la mayoría de las ocasiones, la creatividad es la mejor manera de realizar el trabajo con esas “grandes personitas”, adecuando la misma a los objetivos terapéuticos. Os dejamos algunos consejos para sacar más partido a las consultas, trabajando de la forma menos invasiva posible:

 

1. Explicar al niño cómo se va a trabajar y pactar con él: para que el menor se sienta cómodo, es necesario  que comprenda cuales son las reglas de la sesión. Puede pactarse un tiempo de juego antes de finalizar la intervención y, para llegar a ese “acuerdo”, suele resultarles divertido fingir que psicólogo y paciente son abogados y debaten cuánto tiempo dedicarán a la terapia y cuanto a jugar (aunque, finalmente, es siempre el profesional quien estipula los tiempos…).

 

2. Utilizar fechas señaladas: a la hora de implementar programas estructurados (p.ej. estimulación cognitiva; sesiones individuales en problemáticas específicas; potenciación de altas capacidades, etc.), resulta efectivo marcar en la agenda actividades relacionadas con fechas significativas, como, por ejemplo: durante las navidades, dedicar los últimos minutos de la intervención a realizar manualidades. De esta forma, finalizan la sesión con un potente refuerzo positivo.

 

3. Emplear sus gustos: si conoces las aficiones del menor, la intervención se ve altamente facilitada; por ejemplo: si a un niño con ansiedad social específica a exponer le gusta un jugador de futbol, podrá explicársele cómo se siente ese profesional antes de salir al campo rodeado de aficionados que son, tanto de su equipo, como del equipo rival.

 

4. Convertir problemas en juegos: esta técnica se utiliza, principalmente, para vencer miedos, como por ejemplo: la fobia a la oscuridad. Sin embargo (y siempre como técnica, no como terapia en sí misma) puede aplicarse a otros contextos/problemáticas, con resultados igualmente interesantes, p.ej. realizar dinámicas grupales divertidas y motivantes dirigidas a niños con ansiedad social (generalizada), para que vayan perdiendo la vergüenza (progresivamente) e interactúen con el grupo de iguales, obteniendo refuerzo positivo.

 

5. Aceptar ideas: pese a que el psicólogo prepara las sesiones en función de los objetivos terapéuticos y el progreso individual (o grupal); durante la aplicación de las mismas pueden surgir aportaciones espontáneas provenientes del menor; si estas no son valoradas como disruptivas para la intervención programada, es positivo tenerlas en cuenta y llevarlas a la práctica, ya que el niño se sentirá integrado y parte de la toma de decisiones.

 

“La creatividad es la inteligencia divirtiéndose” (Albert Einstein).

 

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