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El duelo infantil

El duelo infantil

Centro Codex
1 mes, 3 semanas

La pandemia producida por el COVID nos obliga a estar en continuo contacto con el duelo, no solo por la muerte de seres queridos, sino también por la pérdida de trabajos, hábitos de vida, etc. Si el duelo es duro para un adulto, puede resultar aún más difícil para un niño. Su sensación de seguridad se ve amenazada, la pérdida puede generar una sensación de falta de control muy abrumadora. 

El duelo en los niños viene determinado, en parte, por el estadio evolutivo en el que se encuentren, lo cual condiciona la idea de muerte que tienen. Hasta los 4 años aún no comprenden qué es la muerte y la interpretan como un abandono. Entre los 4 y 6 años comienzan a mostrar interés por el concepto de muerte, pero tienen la creencia de que es algo reversible y provisional. Aproximadamente desde los 6 a los 11 años entienden cómo es el proceso vital por el que pasamos todos, por tanto, ya saben que la muerte es definitiva y que no hay marcha atrás.

Algunos mitos del duelo en niños 

  1. “Los niños no son conscientes de lo que sucede cuando pierden a un ser querido”: los niños/as siempre se dan cuenta de que ha sucedido algo importante, y, por ello, a veces aparecen cambios en sus actitudes diarias. Es importante hablar de lo sucedido con el niño, en términos comprensibles para él/ella, puesto que si evitamos hablar del tema corremos el riesgo de que intenten informarse por sí mismos y puedan malinterpretar la información. 
  2. “Es mejor evitar hablar de la muerte y de muertos delante de los niños/as”: en algún momento de su vida los niños/as se tendrán que enfrentar a una pérdida, por tanto, no es sano protegerles de cualquier acontecimiento negativo, porque les hacemos creer que en la vida solo hay momentos buenos y positivos. Es importante desarrollar la tolerancia a la frustración de los niños/as, ya que, a medida que se vayan haciendo adultos van a vivir muchas pérdidas en su vida y en sus relaciones interpersonales, y debe saber cómo gestionarlo. 
  3. “Se debe evitar que los niños se enfrenten a la muerte cuando son tan pequeños, puede causarles traumas”: la muerte forma parte de la vida y ya desde que son pequeños/as.
  4. “Los niños y los adolescentes no elaboran el duelo”: sí que elaboran el duelo y muchas veces de forma más complicada que los adultos, por ello es muy importante acompañarlos en ese proceso y estar pendiente de ellos. 
  5. “Se debe proteger a los niños del dolor y por ello no deben estar presentes en la despedida del ser querido: los niños deben participar en lo que ha ocurrido, siempre teniendo en cuenta su edad y desarrollo madurativo, no es correcto excluirlos del proceso. Podemos llevar a cabo rituales adaptados a su edad, para hacerlos partícipes, y que también puedan expresar sus emociones ante la pérdida.

Pautas para gestionar el duelo en la infancia 

El objetivo que perseguimos es proveer al niño o niña una sensación de seguridad, ayudándole en su proceso de elaboración del duelo. 

  1. ¿Cuándo debemos decírselo? Lo mejor es comunicarlo lo antes posible. Debemos buscar un lugar y momento adecuados para explicar, con un lenguaje adaptado a la edad del niño, lo que ha sucedido. Es mejor evitar eufemismos como “se ha quedado dormido para siempre…”. Si es una muerte prevista, por ejemplo, por enfermedad terminal, conviene ir preparando al niño poco a poco, con antelación. El visitar al enfermo al hospital ayuda a poder procesar lo que está sucediendo y entender mejor por qué la persona que queremos no está donde suele estar normalmente.
  2. ¿Pero por qué? Es importante tener en cuenta las características individuales y evolutivas del niño a la hora de la explicación ofrecida al niño. Podemos utilizar un cuento sobre el duelo o ejemplos de anteriores pérdidas. Debemos responder a sus preguntas por muy alocadas que sean puesto que esto les dará seguridad. En caso de que no conozcamos la respuesta, admitirlo y explicar que nosotros tampoco lo entendemos. 
  3. ¿Cómo acompañarlos en su expresión? Al igual que ocurre en los adultos, cada niño o niña va a tener su forma de expresión de lo que siente, no debemos juzgarlos, y siempre, respetar su ritmo. Pueden aparecer conductas regresivas, irritabilidad o que se sientan culpables, también somatizaciones. 
  4. ¿Seguimos con las rutinas? Sí, puesto que les aportará seguridad. Podemos explicarles qué cosas cambiarán y qué cosas seguirán igual. 
  5. ¿Qué repercusiones está teniendo la pérdida en su vida?  Conviene estar atentos para ver si está afectando a algunas áreas de su vida. Cuando la parte emocional no está bien no podemos concentrarnos ni memorizar, nos cuesta más socializar.
  6. ¿Debemos compartir lo que sentimos u ocultarlo? Es importante compartir nuestras emociones con ellos, así normalizamos la expresión sana de sentimientos. Si los escondemos, los niños aprenden a congelar sus sentimientos puesto que somos modelos de imitación para ellos. El hecho de expresar cómo nos sentimos les enseña a expresar sus emociones de manera sana. 
  7. ¿Y si no queremos verlos sufrir? El dolor de los demás puede asustarnos, y en mayor medida cuando se trata de un niño, pero es necesario, conviene animarlos a expresar lo que sienten. 
  8. ¿Conviene realizar un ritual? Sí, los rituales ayudan a las personas a iniciar el proceso de duelo, les proporciona una estructura socialmente aceptada en la que poder atender a su pérdida, y así, comenzar a aceptar sus consecuencias. Esto también es aplicable en el caso de los niños o adolescentes.

Concluyendo, no es beneficioso excluir a los niños o adolescentes del proceso de muerte, despedida y duelo. Podemos llegar a generar un sentimiento de culpa en ellos por no haber acompañado a la persona en sus últimos momentos. Lo más adecuado es que los niños puedan expresar sus emociones libremente y que ellos perciban que nosotros hacemos lo mismo. Esto es fundamental para el desarrollo de habilidades necesarias para enfrentarse a situaciones dolorosas o traumáticas que la vida pondrá en su camino.

 

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