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En la mente del terrorista

En la mente del terrorista

Centro Codex
2 meses, 3 semanas

 

El presente artículo no pretende excusar los lamentables hechos perpetrados por los terroristas (actos que condenamos, sin objeción alguna), sino realizar una breve descripción del proceso de radicalización que afecta a un gran porcentaje de los acólitos, sin poder, debido al factor subjetivo inherente a la conducta humana, generalizar al 100%, pero sí aproximar al lector a la realidad que envuelve las distorsiones cognitivas presentes en la mente de los yihadistas más jóvenes. Por otro lado, queremos dejar bien claro que musulman no es sinónimo de terrorista, premisa principal desde la que está escrito este texto.

 

En primer lugar, es necesario especificar que el terrorismo se aborda desde una perspectiva grupal; es innegable que existe voluntariedad a la hora de unirse al mismo, pero los factores que afectan a la radicalización tienen relación directa con la influencia que ejerce el grupo sobre el individuo.

 

Este proceso es gradual, mediante aproximaciones sucesivas dirigidas externamente en las que el sujeto ha de ir “quemando etapas” hasta su pertenencia de “pleno derecho”; se radicalizan longitudinalmente, pasando de la ideología a la acción, yendo siempre un paso más allá… desvirtuando los límites morales hasta desdibujarlos por completo.

 

A continuación, se resumen algunos de los factores decisivos en el proceso de radizalización:

 

  • Componente político-religioso: no existe una relación “causa-efecto” entre contexto social desfavorecedor y terrorismo, pero sí una correlación, que es superior cuando el factor religioso se añade a la “ecuación”. Si un joven es víctima de la violencia ejercida en su país por agentes extranjeros es más proclive a unirse a facciones extremistas que combatan la ingerencia y ataquen al objeto de su odio. Otro ejemplo lo encontramos en los hijos y nietos de inmigrantes. Estas generaciones están nacionalizadas y criadas en un país cuya sociedad diverge en diversos aspectos de la microcultura familiar, lo que les hace sentir que están en “tierra de nadie” (“no soy de aquí, ni de allí”); una ambivalencia que puede ser fácilmente aprovechada por especialistas en manipulación psicológica.

 

  • Adoctrinamiento: Los yihadistas encargados de la captación no son seleccionados al azar… suelen ser personas carismáticas susceptibles de convertirse en modelo de admiración de jóvenes descontentos con su situación psicosocial.

 

  • Deshumanización de los objetivos: el lavado de cerebro se dirige, principalmente, a despojar a los “infieles” de las características que les convierten en personas con las que podrían llegar a empatizar. Una vez conseguido este objetivo, cualquier ataque adquiere una justificación moral que neutraliza cualquier objeción de la conciencia.

 

  • Identidad/rol y refuerzo positivo: cuando una persona cumple un papel que considera importante en la vida o cree poder desempeñarlo en un futuro (sea a nivel familiar, laboral, social…) se siente realizada. Este es uno de los motores por los que muchos jóvenes deciden afiliarse y pertenecer a grupos terroristas: la búsqueda de un rol que conlleve prestigio, reconocimiento social y sentimiento de pertenencia grupal. Las dudas acerca de la propia identidad son más acusadas en la adolescencia, etapa evolutiva en la que el menor se pregunta quién es y trata de definir quién le gustaría ser… teniendo en cuenta que además es un período emocional convulso, puede deducirse que son "carne de manipulación" (además, se encargan de "grabarles a fuego" que en la otra vida les espera una felicidad plena que la adolescencia difícilmente provee).

 

  • Socialización en el odio y la violencia: una vez que comienzan a tener contacto con ideologías extremistas, se mueven en un ambiente muy peligroso, con compañías indeseables con las que: hablar, confiar, compartir actividades de ocio, etc. Si ese es el grupo de referencia, el joven acudirá al mismo en busca de ayuda y consejo cada vez que dude o necesite guiar su conducta. En este aspecto, las redes sociales juegan un papel fundamental en la toma de contacto con posturas violentas, puesto que es un medio muy empleado por la juventud actual.

 

  • El atractivo del secreto y de convertirse en un guerrero: la discreción de los captadores (cuyo objetivo es no ser descubiertos) no sólo conlleva un añadido en la dificultad de detección de jóvenes radicalizados, sino que hace que en ellos se genere un morbo inherente al secreto, así como un sentimiento de “importancia subjetiva o prestigio” que aumenta su autoestima y que fortalece la creencia de “saber cuál es su misión en la vida” (por desgracia, incluso a costa de la de terceros…).

 

  • Relativización de los costes: los jóvenes que no tienen hijos, en situación de desempleo (o descontentos con su trabajo), con diversos problemas y cuyas expectativas de futuro no son muy halagüeñas,  pueden llegar a sentir que no hay nada/nadie que les ate a la vida; las víctimas perfectas de los captadores que los consideran “carne de inmolación”.

 

 

“La paz no puede mantenerse por la fuerza, sólo puede lograrse con comprensión” (Albert Einstein).

 

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