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Entendiendo el Trastorno Límite de Personalidad

Entendiendo el Trastorno Límite de Personalidad

Centro Codex
1 semana, 3 días

El trastorno límite de la personalidad (T.L.P.) se caracteriza por un patrón general de inestabilidad en las relaciones interpersonales, en la autoimagen y en la afectividad, así como, una profunda impulsividad, que se inicia al principio de la edad adulta y se da en diversos contextos.

Como en muchos otros trastornos, la etiología del TLP es multifactorial, es decir, existen elementos de tipo hereditario, ambiental y neurológico que guardan relación con su aparición. 

Las personas con TLP son muy sensibles a las circunstancias ambientales y presentan un miedo intenso al abandono (real o imaginario), por lo que son capaces de realizar grandes esfuerzos para evitar que este se produzca. Sufren cuando están solos, incluso por periodos de tiempo muy cortos. Y esa percepción de rechazo, de una próxima pérdida o separación, puede producir notables cambios en la autoimagen (cambios de objetivos, valores o aspiraciones personales y profesionales), afectividad, cognición y comportamiento.

Presentan una muy baja tolerancia a la frustración y una gran dificultad para canalizarla de forma adecuada, llevando esto a manifestar un estado anímico caracterizado por cambios bruscos de humor y repentinas explosiones emocionales (desde el sentimiento más intenso a la apatía más absoluta), que pueden ser tan potentes que llegan a distorsionar la percepción de la realidad.

Todo ello se refleja también en la inestabilidad e intensidad que presentan sus relaciones interpersonales, pudiendo llegar a idealizar a quienes se ocupan de ellos, y rápidamente pasar a devaluarlos, si piensan que no les prestan la suficiente atención. Esta desilusión, a menudo se convierte en ira, que puede ser dirigida hacia los demás (ataques verbales o físicos) o dirigida hacia uno mismo (intentos de suicidio o conductas autolesivas). 

Por tanto, es importante entender que, aunque los sujetos con TLP puedan parecer emocional o físicamente abusivos, por lo general no intentan hacer daño, simplemente están actuando dejándose llevar por un intenso dolor, miedo o vergüenza, mediante defensas primitivas y patrones de conducta aprendidos hace mucho tiempo, de forma inadecuada.

Actualmente, se considera que el tratamiento más eficaz para estos pacientes es la combinación de intervenciones psicológicas (psicoterapia psicodinámica, cognitivo-conductual, terapia de grupo o familiar) y farmacológicas, con la finalidad de paliar los síntomas y conductas que alteran su calidad de vida.

Debido a este grado de confusión e inestabilidad, con el que conviven día a día las personas con TLP, es fácil que, entre sus familiares, pareja o amigos, aparezcan deseos de cuidar o sobreproteger a la persona, pero también es común que se produzcan sentimientos de enfado y de rechazo hacia ella. Sin embargo, es importante recalcar, dada la gravedad de este trastorno, la gran importancia de la implicación de la familia en la intervención del mismo. 

El trabajo con las familias, y con el entorno más cercano, ha demostrado ser eficaz y necesario para prevenir recaídas, estabilizar los síntomas, reforzar el uso efectivo de las estrategias para resolver problemas y mejorar la vida funcional tanto de las familias, como del paciente. Cuanta mayor cohesión y comunicación haya entre las personas importantes del entorno de la persona, mayor seguridad y apoyo percibirá esta, ayudando así a mejorar aspectos como la convivencia diaria (a través del aprendizaje de habilidades específicas: de comunicación, de validación, de manejo de situaciones críticas, etc.), y la mejora del bienestar del cuidador (mediante la reflexión, el trabajo personal y la práctica de habilidades de autocuidado).

En conclusión, el TLP es un trastorno complejo y no todas las personas que lo padecen presentan las mismas características. Por tanto, en este tipo de casos, la ayuda profesional de un psicólogo especializado es indispensable, tanto para el propio paciente como para su entorno próximo, con el fin de aumentar la capacidad de regulación emocional y la adquisición una estabilidad personal y relacional. 

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