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¿Eres un experto emocional?

¿Eres un experto emocional?

Centro Codex
1 mes, 1 semana

Tanto las emociones como los pensamientos juegan un papel fundamental a la hora de tomar decisiones. No obstante, en ocasiones, cada uno de ellos nos sugieren un camino diferente, poniendo en duda cuál es la mejor opción, por lo que será fundamental encontrar un equilibrio entre ambos.

Algunos expertos en la materia resaltan la importancia de educar a los más pequeños para que aprendan a gestionar sus propias emociones de manera adecuada. Sin embargo, para ello, los padres deben servir como ejemplo y ser ellos mismos unos “expertos emocionales”.

Si te sientes algo perdido al respecto, no te preocupes. A continuación, proponemos una serie de etapas que os guiarán en la consecución de un adecuado manejo emocional.

  1. Conocer las emociones básicas: saber identificar las emociones primarias de tristeza, alegría, rabia, miedo, asco o vergüenza, es fundamental para poder interpretar muchas de las situaciones cotidianas, ya que éstas se manifiestan con mucha frecuencia en nuestro día a día.
  2. Reconocer las emociones en nosotros mismos y en los demás: para saber reconocer adecuadamente las emociones, es necesario conocer primero cómo es la manifestación de cada una de ellas. Por ese motivo, es importante que, desde que los niños son pequeños, le pongamos nombre a las emociones que se experimentan en cada momento.
  3. Legitimar las emociones que expresan: consiste en permitir y atender la emoción que experimenta el niño. Por lo general, no solemos permitir la expresión emocional en los más pequeños. ¿Cuántas veces hemos oído? “Carlitos, no entiendo cómo puede darte miedo ese perro tan pequeño” o “Anda, levántate del suelo que no ha sido para tanto…” Estamos anulando su expresión emocional restándole importancia u obviándolas, por lo que, tarde o temprano, acabarán por dejar de expresarlas y comunicarlas.
  4. Aprender a regular las emociones: muchas de las emociones surgen de manera involuntaria, automática o inconsciente sin que podamos hacer nada. No obstante, sí está en nuestra mano el regular o modular la conducta consecuente. De este modo, evitaremos las consecuencias negativas derivadas de las emociones negativas que experimenten.
  5. Reflexionar sobre la emoción: es importante dedicar tiempo a pensar sobre lo que estamos sintiendo y experimentando, así como las sensaciones, y pensamientos que tenemos y las conductas que se derivan de las mismas. Cuando los niños son pequeños, no tienen la capacidad para pensar autónomamente, por lo que es necesario reflexionar con ellos haciéndoles conscientes de lo que están experimentando. De este modo, encontrarán un equilibrio mental al haber coherencia entre sus sensaciones, sus emociones, sus pensamientos y sus acciones, y realizarán una interpretación de la situación mucho más adaptativa.
  6. Hacer que las emociones sean adaptativas: es importante dar una respuesta adecuada ante las situaciones que implican una reacción emocional. En ocasiones, la situación en la que estamos nos permite expresar adecuadamente la emoción, pero otras veces no es beneficiosa dicha manifestación.
  7. Establecer una historia de la emoción: es importante dar un sentido o una explicación a lo ocurrido, relacionando las sensaciones, las emociones, los pensamientos y las acciones, de modo que se pueda comprender fácilmente lo experimentado, dando así una sensación de mayor control o seguridad. Aquí, la labor de los padres es fundamental cuando los niños son pequeños, ya que éstos todavía no tienen la capacidad suficiente para hacerlo.

El tránsito por estas fases no es sencillo y requiere de mucho tiempo, dedicación, paciencia y, sobre todo, mucha empatía. Sin embargo, con más o menos esfuerzo, poniendo empeño en ello lograréis ser un buen ejemplo para vuestros hijos, y les ayudaréis a afrontar mejor las dificultades del día a día.

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