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Los bucles y la culpa

Los bucles y la culpa

Centro Codex
1 año

Las emociones son alarmas internas indispensables para guiar nuestra conducta. En ocasiones, las personas se estancan en una emoción, convirtiendo esa señal en un constante autocastigo; precisamente por ello, la culpa es una emoción complicada cuya función conviene conocer: sirve para que el individuo ponga el foco de atención en un comportamiento que, intencionada o inintencionadamente, es interpretado como erróneo según los valores y creencias que posee y dirigen sus acciones.

La culpa, por lo tanto, invita a la reflexión; a analizarse a uno mismo para llegar a una determinada conclusión; Este paso es importante, pero el movimiento principal que hace que esta emoción sea útil para la supervivencia humana, radica en que la meditación/aprendizaje derive en un cambio que recupere la homeostasis emocional y encauce a la persona hacia donde siempre quiso estar. Por ejemplo: si no apoyé en un momento difícil a una persona que quiero (reflexión inicial) y una vez analizada la situación considero que esa conducta está en contra de mis valores y de la persona que quiero ser (p.ej. un buen amigo), aprendo de la situación y actuo de forma distinta la próxima vez que suceda algo parecido (p.ej. preguntándole cómo se siente; haciéndole visitas; llamándolo por teléfono, etc.).

Precisamente, esta emoción es difícil de gestionar porque cuestiona el conjunto del propio ser, lo que impacta fuertemente en la autoestima, generando emociones coadyuvantes relacionadas con uno mismo: ira, frustración, decepción, etc.

Las cogniciones (autorreproches y autoacusaciones), las sensaciones corporales (tensión muscular, malestar estomacal, nudo en la garganta, etc.)  y las emociones asociadas (irritabilidad, nerviosismo, decepción, etc…), han de ser trabajadas por la persona, que, en primer lugar, ha de analizar si la culpa le pertenece, esto es, si realmente existen motivos para sentirse culpable. De ser así, ha de buscar opciones para enmendar la situación (si es posible); e independientemente del resultado (que pueda o no conseguirlo), ha de aceptar la responsabilidad y ser consciente de que el castigo (emociones desagradables) motivará la evitación de la repetición conductual. Este último paso es el más complicado, puesto que en ocasiones la culpa se mantiene un intervalo temporal excesivo o se generan bucles en los que no se corta la conducta que se desea evitar, repitiendo una y otra vez un círculo negativo en el que la autoestima se ve seriamente afectada.

La culpa ha de concebirse como una emoción que fomenta el aprendizaje, no como una herramienta para la “autofustigación” (ya bastante sufre la persona en el momento en el que la genera).

 

“Si quieres resultados distintos, no hagas siempre lo mismo” (A. Einstein).

 

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